La renuncia de José Luis Espert a la candidatura de diputado por la Libertad Avanza es una confesión tácita de su culpabilidad: el oficialismo libertario se vio obligado a cortar por lo sano, luego de que la presión interna y las revelaciones sobre sus vínculos con el empresario narco Federico “Fred” Machado hicieran insostenible su permanencia en la lista.
En Tucumán, la situación adquiere un matiz aún más delicado. No se trata solo de un escándalo nacional: Espert fue protagonista en la campaña local, grabando videos y participando de actos en respaldo a Federico Pelli, referente libertario en la provincia. Las imágenes que circularon desde las propias cuentas libertarias son elocuentes: Espert sonriendo, saludando y presentándose como “amigo de los tucumanos”, reforzando el armado político de Pelli.
Hoy, a la luz de su renuncia, esas fotos y videos cobran otro significado. La Libertad Avanza no puede desconocer que permitió que uno de sus principales candidatos se mostrara en Tucumán como garante de un proyecto político que tenía entre sus financistas y operadores visibles a Fred Machado. La renuncia de Espert no borra ese vínculo, más bien lo confirma: si se baja de la lista es porque la relación era insostenible y el costo político, letal.
El caso plantea preguntas urgentes para la política tucumana: ¿qué grado de conocimiento tenían los referentes locales sobre el entramado de relaciones que hoy salen a la luz? ¿Puede un espacio político pretender representar “el cambio” cuando sus campañas estuvieron teñidas por la sombra de un narco condenado en los Estados Unidos?
La respuesta, por ahora, queda en manos de los propios ciudadanos tucumanos. Pero una certeza ya se impone: Espert no cayó por casualidad. Su renuncia es la punta visible de un entramado oscuro, que expone las fragilidades y contradicciones de un proyecto que prometía transparencia y terminó envuelto en las peores sospechas.