Las encuestas de noviembre de 2025 —incluyendo las de Zubán-Córdoba y otras consultoras nacionales— revelan un dato central: los jóvenes no están “afuera” de la política, sino que se vinculan de manera distinta.
Casi el 70% cree que “la política no resuelve los problemas reales”. Sin embargo, más del 60% sigue temas públicos en redes, participa en causas, comparte contenidos y discute ideas con sus pares.
No hay apatía: hay frustración con las estructuras tradicionales.
Un voto impaciente y pragmático
Los estudios muestran dos tendencias:
1. Desencanto con los partidos clásicos, a los que ven lentos, burocráticos, envejecidos.
2. Búsqueda de soluciones rápidas, eficientes y verificables. Se prioriza al candidato por sobre el partido político.
El voto joven se mueve menos por lealtad partidaria y más por resultados. Cambia más rápido, exige coherencia y castiga sin dudas a quien promete y no cumple.
La ideología existe, pero aparece filtrada por algo que las consultoras resumen en una frase: “¿Esto mejora mi vida ya o no?”
Para los jóvenes, la política también ocurre en TikTok, Instagram, Twitch o X.
Allí no toleran la solemnidad ni el lenguaje del siglo pasado. Prefieren: mensajes cortos, claros y auténticos; voceros cercanos, sin libreto; propuestas concretas para problemas reales: empleo, alquiler, seguridad, movilidad, salud mental.
El político que habla como en los ‘90 simplemente no aparece en pantalla. Deja de existir.
Los estudios muestran que los jóvenes son los que más expresan enojo, frustración y cansancio con la inflación, la inseguridad, la precariedad laboral y el futuro incierto.
No odian la política. Odian sentirse engañados o subestimados.
Ese enojo es una energía que puede convertirse en algo positivo si encuentra —en la política— espacios de escucha y participación .
Más de la mitad de los jóvenes afirma no sentirse representado por nadie.
Este vacío es una advertencia, pero también una oportunidad: quien logre conectar con ellos desde la autenticidad, la participación y la modernización, tiene terreno fértil.
Quieren:
información transparente,
rendición de cuentas real,
participación digital,
políticas públicas que afecten su vida cotidiana.
No quieren ser espectadores: quieren ser parte.
La dirigencia argentina debe comprender un dato duro: la juventud ya no acepta tutelas ni discursos paternalistas.
Escuchan, comparan, se informan, preguntan, cuestionan, cancelan y vuelven a elegir.
Es una generación que obliga a la política a cambiar, no al revés.
Actualización, lenguaje moderno, gestión inteligente y cercanía no son slogans: son la única forma de volver a atraerlos.