El 10 de diciembre no es una fecha más. Es el día en que la Argentina recuperó su voz, su libertad y su dignidad institucional. En 1983, tras años de violencia estatal y silenciamiento forzado, el país volvió a elegir a sus autoridades y a reconstruir un pacto básico: que las diferencias políticas nunca más se resuelvan por fuera de la ley.
Hoy, 42 años después, la democracia argentina sigue en pie. Y ese solo hecho ya merece ser destacado. Durante este tiempo los argentinos transitamos gobiernos radicales, peronistas, coaliciones de centro-derecha y, actualmente, una nueva fuerza como La Libertad Avanza. La alternancia no sólo expresa el pluralismo social; también demuestra que la democracia funciona cuando el poder puede cambiar de manos sin que se rompa el orden institucional.
Cuatro décadas ininterrumpidas de vida democrática nos dejaron grandes logros y también desafíos pendientes. Tiempos de crecimiento y tiempos de crisis; períodos de ampliación de derechos y etapas de profundas tensiones económicas; momentos de consenso y de polarización. Pero en todos los casos, la sociedad eligió sostener el mismo camino: votar, debatir, participar y exigir.
La democracia, lejos de ser un sistema perfecto, es un proceso vivo. No se agota en un comicio ni se fortalece sólo desde el Estado: se construye todos los días, en cada escuela, en cada barrio, en cada espacio donde las personas pueden expresarse libremente. Requiere instituciones sólidas, pero también ciudadanía consciente; gobernantes responsables, pero también una sociedad que defienda sus derechos y respete sus obligaciones.
En un mundo donde muchos países enfrentan retrocesos autoritarios, la persistencia democrática argentina es un activo inmenso. No para conformarnos, sino para entender que este patrimonio colectivo exige cuidado, diálogo y un compromiso renovado con el bien común.
A 42 años del histórico 10 de diciembre de 1983, vale recordar una verdad simple y profunda: la democracia no se hereda; se ejerce, se cuida y se mejora. Y la Argentina es siempre más fuerte cuando la defendemos unidos, aún en la diversidad, con la convicción de que la libertad y el respeto por el otro son la base de cualquier futuro posible.