Milei y el desgaste de un modelo que no llega a la gente

Publicado el 08 de Abril de 2026Destacado
100%
Milei y el desgaste de un modelo que no llega a la gente

Una encuesta de Zurban Córdoba que preocupa en Casa Rosada muestra la caída de la aprobación presidencial, el empeoramiento de la economía personal y la angustia por llegar a fin de mes muestran una grieta cada vez más profunda entre el discurso oficial y la vida real de los argentinos.


Los números empiezan a decir con crudeza lo que en la calle ya se percibe con claridad: el gobierno de Javier Milei atraviesa un desgaste fuerte en la opinión pública, y ese deterioro tiene una explicación sencilla. El relato puede insistir con el orden macroeconómico, con el equilibrio fiscal y con la batalla cultural, pero la sociedad sigue midiendo a sus gobiernos por algo más elemental: si vive mejor o peor.

Hoy, la respuesta parece contundente. La desaprobación de la gestión presidencial trepa al 65%, mientras que la aprobación queda en 33,9%. No se trata solamente de una mala foto aislada, sino de una tendencia. La evaluación negativa del gobierno fue creciendo en los últimos meses y confirma que el crédito social que Milei supo capitalizar en el inicio de su mandato se está agotando.

Hay otro dato todavía más importante: el 63,6% de los consultados cree que el país va en una dirección incorrecta. Es decir, no sólo cae la imagen del Presidente, sino también la confianza en el rumbo general. Y cuando una sociedad empieza a perder la esperanza en la dirección, el problema deja de ser comunicacional y pasa a ser político.

El gobierno nacional puede mostrar indicadores técnicos, pero el termómetro decisivo sigue estando en el bolsillo. Más de la mitad de los consultados, un 55,2%, afirmó que su situación económica personal empeoró en los últimos doce meses. Si a eso se suma el 19,3% que dice estar igual de mal, aparece una mayoría social abrumadora que no percibe alivio, ni recuperación, ni mejora concreta en su vida cotidiana.

Por eso no sorprende cuál es hoy el principal problema del país para los argentinos: llegar a fin de mes y las deudas encabezan las preocupaciones con el 22%. Después aparecen la inflación, el deterioro del sueldo y el desempleo. En otras palabras, la agenda real de la sociedad sigue siendo profundamente material. La gente no discute teorías económicas en una mesa familiar: discute cómo pagar la boleta, cómo sostener el alquiler, cómo llenar la heladera y cómo evitar que el salario se siga licuando.

Ahí es donde aparece la principal debilidad del mileísmo. Su discurso puede ser intenso, disruptivo y hasta eficaz para marcar agenda, pero choca con una verdad simple: ningún programa económico se consolida si ordena planillas mientras desordena la vida de la mayoría. No alcanza con prometer que el sacrificio de hoy será bienestar mañana, sobre todo cuando ese mañana no llega y cuando la angustia cotidiana se vuelve cada vez más pesada.

La desconexión entre la narrativa oficial y la realidad social es cada vez más evidente. Mientras desde el poder se insiste en celebrar supuestos logros estructurales, una parte creciente de la ciudadanía siente que esos logros no bajan a tierra, no mejoran su mesa y no resuelven sus problemas. Y en democracia, cuando la política deja de traducirse en bienestar concreto, la paciencia social empieza a agotarse.

La Argentina no necesita solamente equilibrio fiscal. Necesita equilibrio social. Necesita un rumbo económico que no ignore a quienes trabajan, producen, cobran un sueldo o viven de una jubilación. Necesita un Estado inteligente y eficiente, sí, pero también humano, sensible y presente.

Compartir:

También puede interesarte