Milei frente al desgaste: cuando la aprobación deja de alcanzar

Publicado el 27 de Febrero de 2026Política
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Milei frente al desgaste: cuando la aprobación deja de alcanzar

La última medición de Atlas Intel muestra una desaprobación superior al 55%. El núcleo duro se mantiene, pero el humor social empieza a marcar límites políticos.


Los números son fríos, pero describen climas. La última encuesta de Atlas Intel (Latam Pulse, febrero 2026) confirma algo que ya se percibía en la calle: el Gobierno atraviesa una etapa de desgaste.

El 55,3% desaprueba la gestión presidencial y el 53,1% evalúa al gobierno como “malo o muy malo”. Del otro lado, la aprobación se sostiene en torno al 41,5%. No hay derrumbe. Pero tampoco hay expansión.

La política se define muchas veces en ese margen.

Milei conserva un núcleo duro firme, especialmente entre quienes lo votaron en 2023. Esa base no se movió. Y eso no es un dato menor: en contextos de ajuste económico profundo, sostener más del 40% es estructuralmente relevante.

Pero el problema no está en el piso. Está en el techo.

Los números muestran mayor rechazo en mujeres, jóvenes y sectores de ingresos más bajos. Allí es donde se juega la estabilidad social y la viabilidad política de mediano plazo. Cuando el malestar empieza a consolidarse en esos segmentos, el gobierno necesita resultados concretos, no solo relato.

Hay otro dato clave: la polarización continúa. Quienes apoyan, apoyan con convicción. Quienes rechazan, rechazan con intensidad. Eso impide el colapso, pero también bloquea la ampliación.

En términos estratégicos, el oficialismo enfrenta un dilema clásico: profundizar su identidad para consolidar su base o moderar su discurso para ampliar consensos. Ambas opciones tienen costos.

La encuesta no define el futuro. Pero sí marca un momento. La economía, la inflación y el poder adquisitivo serán los árbitros reales en los próximos meses. Si la mejora no llega con claridad al bolsillo, la desaprobación tenderá a consolidarse.

En política, el tiempo es una variable decisiva. Y el margen entre 41% y 55% puede convertirse en una frontera difícil de cruzar si no aparece un punto de inflexión.

Hoy, el Gobierno no está derrotado. Pero tampoco está cómodo. Y esa es, quizás, la señal más importante que dejan los números.

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