Tiempos de Crueldad

Publicado el 27 de Junio de 2025Destacado
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Tiempos de Crueldad

Javier Milei arremete con su discurso de odio contra todo el que piense distinto. El fracaso de su plan económico.


Argentina atraviesa un tiempo oscuro. No porque falte debate, sino porque sobra violencia verbal, desprecio por el otro y una fría crueldad institucionalizada desde la más alta magistratura. El presidente Javier Milei ha hecho del insulto su herramienta favorita. “Parásitos mentales”, “cucas”, “chorros de la casta”, son apenas algunos ejemplos del repertorio con el que busca deshumanizar a quienes piensan distinto: empleados públicos, opositores, científicos, docentes, sindicalistas, jubilados. La palabra se convirtió en látigo.

En lugar de convocar al diálogo, al consenso o al respeto democrático, el presidente prefiere incendiar el lenguaje. Y eso no es inocente: todo discurso de odio prepara el terreno para la exclusión, la desigualdad y, en los extremos, la violencia política. Milei no gobierna solo con decretos: también gobierna con el odio. Un odio que empobrece el alma de la democracia.

Pero a la crueldad simbólica, Milei le suma otra más tangible: la económica. El plan libertario, que prometía “ordenar la macro”, se ha revelado como una demolición controlada del tejido productivo y social argentino.

El déficit comercial reapareció con fuerza, producto de un derrumbe del consumo interno y un freno en las exportaciones. El superávit fiscal es una ilusión construida a base de licuar jubilaciones, desfinanciar la salud pública —como ocurre con el Garrahan— y paralizar la obra pública en todo el país. No hay inversión, no hay industria, no hay futuro.

La motosierra no distingue: corta programas sociales, corta ingresos de los jubilados, corta proyectos estratégicos. Argentina se encamina peligrosamente hacia una recesión con características dramáticas. En las provincias, cierran pequeñas empresas, se pierden empleos y crece la informalidad. El Estado desaparece donde más se lo necesita, y el mercado no aparece donde más se lo espera.

En tiempos de crueldad, el silencio se parece a la complicidad. Por eso es necesario señalar, decir, advertir. El odio no puede ser política de Estado. Y el ajuste no puede ser la única brújula económica. Hay otra Argentina posible: una que no insulte, que no castigue, que no empobrezca. Pero para eso hace falta algo que hoy escasea en el poder: sensibilidad.



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